¿ETIQUETAR A LOS NIÑOS ES UN ERROR?

Qué fácil nos resulta decirle a un niño cuando llora “eres un llorón”, o cuando se porta bien “eres un angelito”, nos sale sólo de la boca cuando vemos que un niño repite un patrón constantemente. Algo aquí a destacar, es que esperamos que los niños actúen de ese modo, porque es como les hemos encasillado en nuestras expectativas.

 

A veces, vemos algunas etiquetas como malas, por ejemplo, no llamarías “estúpido” o “gordo” a tu hijo, pero hay algo más detrás de esto. La verdad es que no sólo por dejar de etiquetar en negativo le estás haciendo un favor, ni mucho menos a ti, lo cierto es, que las etiquetas positivas tampoco ayudan, éstas tienen una connotación negativa también.

 

Por ejemplo, una niña que se la califica de niña 10, que es muy buena en la escuela en todas las materias, puede sentir una gran presión y que “tiene que” ser buena en todo, de manera, que no se permite bajar las notas a menos de un 9, y si eso ocurre entra en un gran círculo de estrés o puede incluso llegar a renunciar a hacer algo con tal de no afrontar el hecho de que ya no es una niña 10, ¿alguna conoce un caso similar?

 

El niño trata de coincidir con la etiqueta que se le ha otorgado, sea la que sea,… incluso a veces, se cuestiona a sí mismo si sería tan querido si no fuera tan guapo, tan bueno, tan divertido, tan hablador….

 

Etiquetar limita la capacidad del niño para explorar otros aspectos que podría descubrir en sí mismo, le preocupa dejar de ser admirado o de obtener ese amor que ha obtenido siendo y actuando como esperan los demás de él tras la máscara de esa etiqueta otorgada.

 

 

 

PROFECÍA AUTOCUMPLIDA

 

No sólo vienen de forma externa, uno mismo puede etiquetarse en función de su propio comportamiento o de los comentarios que hacen los demás acerca de él. Si sacan bajas notas en matemáticas pueden calificarse como “muy malo en mates”, y si son los últimos en salir elegidos para el equipo de clase de fútbol  pueden sentir que son torpes.

 

Estas “autoetiquetas” también te marcan de por vida convirtiéndose en profecías autocumplidas. Un niño que piense que es feo, puede descuidar más su aspecto para mostrarse a sí mismo que es feo de verdad.

 

Mi hermana era la “llorona” y yo la buena. Es verdad que ella también era buena, y yo llorona, pero bueno era más fácil encasillar a cada con un nombre. Seguramente es más fácil, una es esto, y otra lo otro, que decir las dos son buenas, o las dos son lloronas.

 

 

LOS PELIGROS DEL ETIQUETADO

 

Cuando etiquetamos a los niños, los reducimos a una palabra o dos. No hay forma de que estas simples palabras puedan incluso resumir la totalidad de quiénes son los niños y de lo que son capaces.

Las etiquetas se quedarán cortas cada vez.

 

 

CONSECUENCIAS DE LAS ETIQUETAS

 

Pueden resaltar las características negativas del niño, no las positivas. Con la etiqueta vemos al niño enfocado en una sola cosa, y perdemos todas las otras cosas que es capaz de hacer.

Las etiquetas no dejan lugar para que los niños cambien y crezcan. El mejor corredor de la clase, llegará a la etapa adulta siendo reconocido como tal, o el que hacía de gracioso, o el que hacía de ligón o de listo. Aunque ya no lo sean, y no se comporten como tal, esa etiqueta les acompañará de por vida.

Al etiquetar a los niños, nos enfocamos en un problema en lugar de intentar comprenderlo. Cuando un niño repite cierto comportamiento, le encasillamos con su etiqueta de forma que perdemos mucha otra información que nos pudiera dar. En lugar de verlo como una oportunidad para aprender y saber cómo ayudarle muchas veces lo vemos como un fastidio y nos quedamos sin vislumbrar el problema real.

Las etiquetas se pueden basar en información defectuosa. Un ejemplo obvio son las pruebas (estandarizadas, coeficiente de inteligencia, etc.). Un niño puede tener un buen desempeño (o una mala calificación) en un examen y luego los maestros lo califican de brillante o no brillante. La prueba, sin embargo, no toma en cuenta aspectos como la motivación, la determinación, la capacidad artística, los intereses de un niño y docenas de otros factores que pueden influir en los logros individuales de un niño.

 

 

¿PODEMOS ETIQUETAR BIEN?

 

A veces, los padres que tienen problemas a la hora de saber tratar con sus hijos, les tranquiliza el hecho de saber que el niño tiene una déficit o trastorno de aprendizaje o de desarrollo, y así no se sienten malos padres por no saber reconducir la situación. Etiquetar el “problema” ayuda a dar con el tratamiento correcto.

 

En las escuelas, y para empezar terapia, muchas veces se pide el diagnóstico para así saber cómo empezar el tratamiento, un diagnóstico dado con una etiqueta “Hiperactividad” por ejemplo. El quid de la cuestión está aquí en no dejar que esa etiqueta haga identificar a ese niño sólo por esa característica, ya que él o ella es la suma de muchas otras más.

 

Habla de las capacidades de tu hijo o de su potencial evitando los dañinos efectos secundarios:

NO se habla de el niño en cuestión cuando él esté delante. Cuando el niño está, escucha “hay que bueno es, me ayuda mucho en casa”, ahora se verá más obligado a hacerlo, ya que es lo que se espera de él.

NO discutas con un niño cuando hay otros niños delante u otros padres. Así evitarás que esas personas le etiqueten también. Los niños escuchan continuamente, y se quedan con todo lo que se dice. Entienden mucho más de lo que nosotros pensamos en verdad.

Se comenta sobre el comportamiento, no sobre el niño. No es lo mismo decir

Fran se ha portado mal hoy, porque ha tirado los juguetes por la ventana;

que decir,

Fran es malo, ha tirado los juguetes por la ventana.

Aquí hay una gran diferencia, en la forma de decir el contenido está la clave, si sabes cómo hacerlo tienes un gran avance,                                  Marc, ¿Necesitas ayuda con el ejercicio de matemáticas?,

o,

Marc, parece que no se te dan muy bien las matemáticas.

Usa etiquetas cuando sea necesario para una intervención educativa o médica, pero no como una forma de definir al niño en la vida cotidiana. Respeta la privacidad de tu hioj y solo cuéntela a la gente según sea necesario. Deja que sea él  quien tome la iniciativa sobre cómo y cuándo informar a las personas sobre sus problemas.

Nunca uses el etiquetado como una herramienta motivacional o de comportamiento. Los niños no están motivados para hacer ejercicio al oír que son gordos. No están motivados para trabajar más duro en la escuela cuando les dicen que son estúpidos.

 

Cuántas veces se oye a papás y mamás hablar de los hijos de esta manera pensado que los están ayudando, y la verdad es que están yendo en dirección opuesta. Se consigue que cojan complejos y que dejen de confiar en sí mismos.

Algo muy positivo: anima a tus hijos a explorar todo tipo de actividades. Si un niño quiere hacer ballet, que lo haga, si una niña quiere ir a fútbol que lo haga

¡Fuera estereotipos!

Recuerdo muy bien en una de las guarderías en las que trabajé, que un niño de 3 años le encantaba llegar y cuando tenía oportunidad se vestía de Blancanieves, cosa que al padre no le gustaba nada, y nos pidió que no le dejáramos. Esto, es castrar a un niño. Además, cuando más le prohíbes una cosa, más ganas tiene de hacerlo.

Otro ejemplo, fue la semana pasada cuando llevé a mis sobrino a los “cochecitos”, el niño se quería montar en la moto, y era o de la Barbie, o de la Bratz, y el chico que llevaba la atracción le dijo que estaba la moto de Spiderman y la de Batman (obviamente para que se cambiara, porque “es cosa de niños”), el niño al final, tras la moto de la Bratz vio un coche que lo llevaba un lobo y se dejó de motos. En otra ocasión, semanas antes subió en una atracción de Hello Kitie Y ESO ESTÁ BIEN, no hay cosas para chicos y cosas para chicas.

Anima a los niños a explorar todo tipo de actividades. Ningún niño debe verse limitado en sus oportunidades solo porque no se ajusta a nuestras ideas de cuáles son sus fortalezas o debilidades.

 

EL PODER DE LAS ETIQUETAS

 

Muy conocido es el experimento que se hizo hace años en el que se le dijo a los maestros que la mitad de los niños de la clase era superdotada, y la otra mitad estaba por debajo de la media.

La realidad es que todos tenían las mismas habilidades.

Al final del curso escolar, los niños que se les había informado a sus maestros que eran superdotados, sacaron mejores notas que los niños que estaban por debajo de la media.

Aquí se estudiaba el EFECTO PIGMALIÓN, en el que quedó claro que la expectativa de los maestros y maestras condujo a los estudiantes a esa mejoría y diferencia entre unos y otros.

 

CONCLUSIÓN

Los niños cumplen las expectativas de los adultos que los rodean. Si se espera que lo hagan bien, lo hacen. Si no se espera que lo hagan bien, no lo hacen.

¿No lo sabías?

Las etiquetas son muy poderosas e influyentes.

Asegurémonos de usarlas con moderación y cuidado, seguro que usando los pasos que aquí se mencionan cambia mucho la situación, prueba 😉

 

¿Conoces a alguien que use las etiquetas? Tú misma las usas, ¿a que sí? Prueba a hablar de comportamientos en lugar de formas de ser y evita hablar de los niños cuando estén delante, usa las estrategias que aquí se mencionan y me cuentas qué tal te va.

 

¡Siempre puedes compartir y comentar qué te ha parecido útil o qué te falta!

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