Decálogo para que tu descendiente sea libre de SER él mismo.

 

La psicogenealogía estudia las emociones,  comportamientos y vivencias inconscientes que son transmitidos por el inconsciente familiar impidiendo al sujeto autorrealizarse. El estudio de esta herencia es necesario para concluir con nuestra individualización.

Se ha descubierto, que las vivencias de los padres, especialmente de las madres sobre todo en los primeros años de vida de los hijos, influyen en éstos, ya desde el vientre materno.

Los bebés, llegan con una memoria celular llena de emociones que arrastran de sus madres tras el período de gestación. Esta memoria, incurre en su vida como fuerza para conseguir lo que uno desea o como impedimento.  Por ello, es muy importante el cuidado de la madre a nivel físico, psicológico y espiritual incluso 9 meses antes de la gestación.

Formar a los hijos siguiendo este modelo, ayuda a acabar con el transgeneracional que nos manipula visiblemente en forma de resistencias para llegar a ser lo que uno desea realmente.

Con el estudio del transgeneracional, se abordan secretos, no dichos, síndromes de aniversario, lealtades invisibles, conflictos económicos, quiebras, repeticiones, desórdenes amorosos, enfermedades etc.

Estas lealtades familiares pueden acabar haciendo uso de acciones simbólicas reparadoras, y así cerrando el duelo transgeneracional inacabado.

 

DECÁLOGO DE LA MADRE SEGÚN LA PSICOGENEALOGÍA

 

1.- He parido un hijo que no es mío. Lo entrego al mundo.

 

2.- Este hijo no ha venido a cumplir mi proyecto, ni los proyectos de mi árbol genealógico, sino el suyo propio.

 

3.- No lo bautizo con ningún nombre ya presente en el árbol, ni con nombres que le impriman un destino.

 

4.- Se lo doy todo, lo crío con afecto, sin dejar de ser yo misma, sin adicción al sacrificio, sino con responsabilidad y desde la libertad.

 

5.- Le ofrezco herramientas que ayuden a construir el edificio de su propia vida, pero acepto que tome libremente las que él juzgue adecuadas y rechace las inadecuadas para él.

 

Me doy cuenta que la mejor manera de enseñar a un hijo no es con mítines, ni con límites, sino con el ejemplo.

 

6.- Acepto que deje de llamarme “mamá” cuando él lo decida, para pasar a llamarme por mi propio nombre, porque así rompe lazos de dependencia y la relación entre ambos se equilibra.

 

7.- Le permito y facilito que tenga un espacio privado e íntimo en la casa que sienta como su propio territorio.

 

8.- En cuanto a la elección de sus amistades, de su carrera, de sus actividades de ocio, etc., le escucho, le doy mi parecer, pero no selecciono nada por él, ni le prohíbo ni lo obligo.

 

9.- Dejo que mi hijo cometa errores, que se caiga, que no sea perfecto. Comprendo que cada fracaso es un cambio de camino y con ellos se crece cada día; si lo protejo demasiado lo bonsaitizo, nunca será adulto.

 

10.- Jamás definiré a mi hijo (“es tranquilo”, “eres nervioso”, “es tímido”…), porque entiendo que los niños se forman su autoconcepto a partir de lo que sus padres dicen de él.

 

Le transmito que dentro de él están todas las posibilidades del ser, lo es todo en potencia.

 

11.Lo amaré por siempre y para siempre,ocurra lo que ocurra.

 

 

” No  hay alivio más grande que que comenzar a ser lo que se es… Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.”

 

Alejandro Jodorowsky

 

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