Todas tenemos días buenos, y días no tan buenos. A veces, estamos un poco más cansadas de lo normal o nos sentimos estresadas o fatigadas por algo, de manera que estamos más irritables. Con esto, acabamos perdiendo la paciencia antes de lo normal, lo que influye en los más pequeños de la casa  ¡oh, no!

 

Sabemos y conocemos de sobra lo que es el respeto y la compasión hacia el otro, pero estamos tan enfrascadas en nuestro estrés que ese respeto y compasión no los  encontramos por mucho que lo intentemos, así que conectar con el otro es lo último que nos apetece hacer.

 

Cuando descubras qué es lo que realmente te ocurre, pidas perdón, y vuelvas a ser tú, las personas a tu alrededor te perdonarán. Es más, como tú reacciones ante estos niveles de estrés y desconexión, será como aprenda tu hija a resolver los suyos en el futuro.

 

Por lo tanto, ante estos momentos de irritabilidad, lo más conveniente es volver a conectar con una misma, y así poder conectar con tu pequeño 😉

 

 

 

 

 VOLVER A CONECTAR

 

1. Reconoce tu impaciencia

Estás tan rabiosa que sientes que tu hijo es un problema, y puede que lo sea. Bueno en lugar de pensar que es un problema, dale la vuelta, pon el STOP y cambia el sentido. Recuérdate que cuando tienes momentos en los que te sientes bien, le tratas emocionalmente de una manera más afectuosa.

¿Y si es verdad que tu hijo está comportándose de manera complicada? Pues no le puedes cambiar, pero puedes cambiar TU REACCIÓN. En función de cómo tú reacciones, tu hija reaccionará, si gritas, ella gritará, si intentas usar la calma y la comprensión con un tono de voz menos elevado, tu hija adaptará su respuesta a tu modo de acercarte a ella.

No olvides, que tu irritabilidad es tu emoción y forma de percibir lo que te rodea, de nadie más. Puede que tu hija provoque que tu irritación salga a flote, pero como le has enseñado a tu hija, es trabajo de cada uno manejar las propias emociones.

2. Siente compasión por ti misma

Siéntate contigo misma y reflexiona, vale no es tu mejor día, y bueno, eso está bien, todas tenemos días más complicados que otros. Puede que estés siendo grosera, te sientas irritable o que tengas ganas de llorar. No pasa nada, no eres mala persona, llora, permítete desahogarte, sólo necesitas escucharte.

Para ello, date cariño, HÁBLATE, con cariño, con amor, con ternura, tranquilízate a ti misma.

 

3. Contigo a solas

Siente todo ese enfado, e intenta ir más allá de esos prejuicios que tienes

¿Por qué no puede portarse bien sin más?

¿Y si con 18 años aún es así?

Si fuera mejor mamá, todo esto no habría pasado ¿he arruinado la infancia de mi hijo?

 

Ante toda esta frustración, hay algo más que se esconde, es el miedo. Una vez que te escuchas, te permites sentir lo que realmente ha estado sucediendo y lo que has trabajado hasta ahora, dejas que florezcan todas esas emociones, el miedo, desaparece.

Siente tu rabia y detecta de dónde proviene, ¿es reamente tu hijo el culpable de lo que te está pasando? ¿Es necesario castigarle de esta manera? Toma un respiro profundo y abrázate. Simplemente deja que esos sentimientos escondidos y que no dejas que lleguen a flote, salgan y se manifiesten.

 

Muy importante, todas esas emociones desagradables que salen en la vida cotidiana, las solemos esconder yendo de compras, fumando, revisando las redes sociales, comiendo o viendo la tele. Probablemente vengan de nuestra niña interior con todo su bagaje emocional que no supimos reconocer en su momento, o no hubo cabida para ello.

Piensa esto, cada vez que te amas, que te permites sentir sin actuar sobre ésta, la disuelves y eliminas de tu mochila emocional. Aquí reconectas tu cerebro.

 

4. Muévete

Respira profundamente 10 veces.

Sacude tus manos, tus pies y tu cabeza.

Salta.

Estírate

Pon música y baila como te apetezca al menos durante 5 minutos.

 

5. Abrázate

Ahora es el momento de reconocer tu valía, estás dispuesta a enfrentar tus miedos, esos miedos que hacían que te sintieras rabiosa e irritable por cualquier cosa.

Agradece ese STOP que has tomado en tu camino, que te ha ayudado a sanarte por ti misma antes de que explotaras y saltasen chispas promoviendo así una discusión innecesaria.

 

 

Los 5 pasos que has tomado para reconectar contigo misma han sido:

Reconocer

Compasión

Escuchar

 Mover

Abrazar

 

 

La verdad es que seguir los pasos y empezar por el primero de ellos es lo más difícil, pero bueno, una vez estás dentro del ejercicio tu vibración cambia y el nivel de enfado disminuye considerablemente y cambia dando lugar a las emociones que realmente sientes.

 

Asume la responsabilidad de tus actos, reconoce que a lo que sucede hay varias maneras de reaccionar. Lo bueno de esto es que tu cerebro se está reconectando, y cada vez que practiques, te resultará más fácil reconocer y dar lugar a lo que realmente te está sucediendo, ¡PRUEBA! Tu nivel de irritación será cada vez menor, ¡asegurado!

 

AHORA QUE TE SIENTES MENOS TENSA…

 

 

¿Continúas sin ganas de conectar con tu hijo? Bueno, esto también puede pasar, es algo normal. Ahora bien, eres una adulta y depende de ti, si no lo haces ahora, esa distancia que ahora os separa crecerá, ¿eres consciente? Siempre que puedas, elige amar 😉

 

1. Crea un ambiente de seguridad

Restaura esa sensación de seguridad. Cuando tu hijo se porte mal, lo más probable es que quiera “pelear o huir”. Para restablecer la seguridad, busca la calidez y compasión. Es lo que todos necesitamos en algún momento, y una buena forma de empezar es dándole un abrazo o mostrando una cálida sonrisa, de esta manera estás dejando atrás esas ganas que tiene de pelea o pasotismo.

Habla, ponte en su lugar, siente como él, sincérate “siento haberme enfadado y haber dicho eso tan malo de ti, estaba un poco estresada (es bueno reconocer los propios sentimientos, y saber que todos somos persona y nos equivocamos, incluso en el mundo del adulto, escúchale, pero tu hijo se sentirá muy bien al ver que tú te abres ante él), probemos a hacerlo de otra manera, lo que realmente quería decir es que…

 

2. Reconecta físicamente

Muchas veces lo único que se necesita es sentirse físicamente conectado. Simplemente, coger un libro, ponerse cómodo y acurrucarse a leer durante unos minutos es lo único que alguien necesita.

 

3. Juega

¡Qué difícil es resistirse al juego! ¿verdad? Intenta invitar a tu hijo a jugar… seguro que le cuesta muchísimo decir que no, al menos, después de sentirse seguro. El juego activa la hormona del amor ¿sabes cuál es? La oxitocina, con ésta el nivel de conexión aumenta considerablemente. También puedes usar la risa, es la forma idónea para darle la vuelta a una situación tensa, difícil, y estresante. Reírse es la mejor terapia, ¡para mamás, papás y pequeños! Es imposible estar enfadado cuando te entra la risa 😉

 

A veces, hay niños que para volver a conectarse necesitan una intensidad más alta de energía, esto puede deberse a que recogen y expresan ansiedades de los adultos que están a su alrededor, entonces puedes ayudarles de una forma más escandalosa.

¿Qué no? ¿Qué significa que no quieres? Soy la reina de la jungla, y si digo que es la hora ¡es la hora! ¿quieres escuchar mi fuerte rugido? ROAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAr!!… Estoy segura de que no puedes rugir tan fuerte, ¿a ver? …. ¡oh, guau! Ay no mis oídos, tienes un rugido muy poderoso, sí, pero a ver si eres tan fuerte como yo, pon tus manos contra las mías e intenta empujar… Ay no! ¿pero cómo has conseguido estar tan fuerte?

 

De esta manera acabáis riendo los dos, se obtiene mucha energía y cambia drásticamente la dinámica, así que en menos de 5 minutos tú y tu hijo volvéis a ser uña y carne. En el momento en que habéis igualado la energía, y tiene intensidad alta, puedes cambiarla muy fácilmente:

“Venga a ver, ¿puedes hacer un ruidito de ardilla? A ver si sabes chillar tan suave como una ardilla, yo sé el idioma de las ardillas, (haces el ruido), a ver si adivinas lo que estaba diciendo”

 

4. Solución ganar-ganar

Concéntrate en lo que realmente te importa, no en controlar a tu hijo para salirte con la tuya. Si estás en un punto muerto, reconecta con tu hijo reconociendo al mismo tiempo que aclaras lo que necesitas. Si puedes ver la situación desde la perspectiva de tu hijo, te has vuelto a conectar, aunque no puedas darle exactamente lo que quiere.

“Marina, vamos a intentar que esto funcione para las dos. He escuchado cuánto quieres “x”… y ahora mismo necesito “y”… ¿Cómo podemos hacer para que las dos estemos felices?”

 

5. Empatiza y escucha

Si tu hijo no responde al juego, toma una respiración profunda y recuerda que es sólo un niño, que te mira con amor y apoyo. Aunque no estés de acuerdo con él, reconoce cómo son las cosas desde su punto de vista

“Todavía estás molesto Pablo,… ¿Quieres contármelo?”  

Intenta mantenerte compasiva, lo más que puedas, y ayuda a que tu hijo suavice sus emociones más impulsivas que lo están invitando a actuar. Deja que llore, es importante que exprese sus emociones y muestre su dolor. Una vez que llore, buscará tus brazos para reconectar de nuevo.

 

¿Qué te ha parecido?

Siempre es todo mucho más fácil cuando cambias tu propio estado de ánimo.

 

¿AÚN IRRITADA Y SIN GANAS DE CONECTAR CONTIGO DE NUEVO?

Puede que esté cansado, que sea tarde y que haya tenido un día largo. Intenta alimentarle bien y prepara la hora de ir a dormir, lee un cuento si es posible y siempre dile cuánto le quieres, aunque esté enfadado, mañana verá las cosas de otra manera.

 

 

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